- Lucas Freire
- hace 2 días
- 4 Min. de lectura
Más de 100 organizaciones participaron en la Primera Conferencia por Territorios Libres de Combustibles Fósiles, celebrada en Santa Marta, Colombia. El objetivo del encuentro fue fortalecer, coordinar y ampliar las luchas territoriales contra el extractivismo y elaborar un plan de acción que integre y mejore las estrategias para prevenir, interrumpir, erradicar, rehabilitar y abandonar los combustibles fósiles.
Al finalizar el evento, que tuvo lugar el 24 y 25 de abril, los participantes firmaron la Declaración, en la que reafirmaron la soberanía de los pueblos sobre sus territorios, los derechos de la naturaleza y exigieron una transición energética basada en la justicia y la paz.
Ver el texto completo:
DECLARACIÓN DE LA CONFERENCIA POR TERRITORIOS LIBRES DE COMBUSTIBLES FÓSILES
Vivimos en una época de crisis. Una época en la que el capitalismo depredador, transformado en capitalismo del caos, avanza como una tormenta sin horizonte, sembrando incertidumbre, contradicciones y miedo. Las disputas geopolíticas por el control de la naturaleza y los territorios se intensifican, empujándonos hacia múltiples guerras. No se trata solo de las guerras visibles en Gaza, Irán, Ucrania o las amenazas de intervención en Venezuela. Se trata también de las guerras silenciosas que se libran a diario en nuestros territorios: el avance del extractivismo, la contaminación de ríos y suelos, las amenazas de empresas y Estados contra quienes defienden sus derechos, los desplazamientos forzados, la violencia contra las mujeres y el ecocidio. Es, en esencia, una guerra contra la vida.
Vivimos en un mundo donde las normas se diluyen y el multilateralismo pierde fuerza, donde la ley del más fuerte reemplaza a la justicia y la solidaridad parece un lenguaje olvidado. En este contexto, la llamada transición energética corporativa, junto con los intereses geopolíticos e imperialistas y la expansión tecnológica, incluida la inteligencia artificial, no ha disminuido la voracidad del sistema, sino que ha incrementado la demanda de combustibles fósiles y minerales, incluidos los llamados minerales críticos y elementos de tierras raras. Esta dinámica intensifica las presiones sobre nuestros países, pueblos y territorios, poniendo en peligro ríos, montañas, mares y todos los ecosistemas que sustentan la vida.
La expansión de las industrias extractivas no se produce de forma aislada: va acompañada del avance del autoritarismo, la represión, la militarización y nuevas formas de fascismo que buscan someter a los pueblos y silenciar su resistencia.
Ante esta situación, no nos rendimos. Resistimos, luchamos, soñamos y, sobre todo, construimos. Construimos Territorios Libres de Combustibles Fósiles como una vía concreta para detener la expansión de las industrias extractivas y abrir caminos hacia otros mundos posibles.
Nosotros, los participantes de esta Conferencia, trajimos nuestras historias, nuestras heridas y nuestras esperanzas. Juntos, desarrollamos estrategias para enfrentar la industria de los hidrocarburos en todas sus fases.
Destacamos la defensa jurídica, el monitoreo comunitario que integra la ciencia y el conocimiento ancestral, los programas de fortalecimiento de capacidades en los territorios, la protección del tejido comunitario y el fortalecimiento de la comunicación para visibilizar nuestras luchas. Asimismo, afirmamos la importancia de la movilización, la acción directa, los ejercicios de democracia radical y la construcción de alianzas en todos los niveles.
Reconocemos el valor de las consultas previas, informadas y libres, tal como se reconoce en los instrumentos internacionales, así como las consultas populares y los protocolos comunitarios como herramientas legítimas y poderosas que han permitido a las personas decir no al extractivismo en diversos territorios.
Al mismo tiempo, afirmamos que no solo resistimos, sino que también proponemos. Ya existen formas de vida alternativas en nuestros territorios, basadas en economías comunitarias, agroecología y energía gestionada por la propia población. Son caminos que priorizan la vida, la justicia social y la armonía con la naturaleza por encima de la acumulación de capital.
AFIRMAMOS QUE:
• No puede haber territorios libres de combustibles fósiles sin territorios de paz; y no hay paz sin verdad, justicia y reparación plena para las personas y la naturaleza.
• Defender nuestro territorio es fundamental para proteger la vida, lo que implica fortalecer el tejido social, garantizar la protección de quienes la defienden y coordinar esfuerzos entre comunidades, organizaciones, la academia y la sociedad civil.
• Una transición energética justa nos exige preguntarnos: ¿energía para qué y para quién?
• Debemos detener el financiamiento que sustenta el extractivismo, exigiendo que las empresas, los bancos y los inversionistas rindan cuentas por los impactos que generan y por su reparación, incluyendo la restauración integral de los ecosistemas afectados.
• Es necesario construir un multilateralismo de pueblos, capaz de representar los derechos de la naturaleza y de todos los seres que la habitan.
• Reconocemos la Amazonía, los mares, los páramos, los glaciares y otros territorios como sujetos de derechos, proponiendo su consolidación como zonas de exclusión, libres de nuevas actividades extractivistas.
• Que debemos coordinar nuestras luchas, fortalecer nuestras estrategias y hacer realidad nuestros sueños colectivos.
EXIGIMOS respeto a la autodeterminación de los pueblos, su autonomía y soberanía territorial, incluyendo el derecho a decir no y a defender su soberanía alimentaria y energética.
Y a ustedes, gobiernos y autoridades reunidos en las Conferencias oficiales, les hablamos con la claridad de quienes defienden la vida: no vengan a gestionar el colapso ni a enmascarar la destrucción con una nueva retórica verde. Escuchen a los pueblos, reconozcan los límites de la Tierra y asuman su responsabilidad histórica. No hay transición posible sin justicia, ni futuro negociable cuando la vida está en juego. La historia no recordará sus promesas, sino sus decisiones. Este es el momento, y no otro, de elegir entre profundizar la devastación o caminar, junto a los pueblos, hacia la defensa radical de la Vida.
Santa Marta, 25 de abril de 2026





