- segueapororoka
- 25 ago. 2025
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Por João Pedro Galvão Ramalho, Coordinador de Articulación y Estrategia del Colectivo Pororoka, y Adilson Vieira, Coordinador de Articulación y Alianzas de la Red GTA.
Punto de No Retorno cada vez más cercano
El aumento de los incendios en 2024, sobre todo en Bolivia y Brasil, y el avance de la deforestación vinculados a la lógica del capital agroindustrial confirman la percepción de los pueblos de la selva de que el riesgo de estar en un “punto de no retorno” de la degradación forestal es absoluto. Aun así, la Declaración de Bogotá dejó de establecer metas firmes y medibles para detener la deforestación, retrocediendo en relación con la Carta de Belém, que preveía metas comunes hasta 2030 y la creación de una Alianza Amazónica contra la deforestación. La crisis amazónica no es solo fruto de fallas institucionales, sino de la continuidad del modelo extractivista y del capitalismo global que convierte a la selva en mercancía.
Amazonía como frontera fósil
Otro silencio grave tiene que ver con la explotación de petróleo y gas. Entre 2022 y 2024, casi el 20% de los nuevos descubrimientos de petróleo en el mundo ocurrieron en la Amazonía, superponiéndose a territorios indígenas, comunidades tradicionales y áreas de conservación. Colombia intentó incluir en el texto el compromiso de superar la economía fósil, pero Brasil mantuvo su posición de una “transición justa, gradual y ordenada”, mientras que Perú, Ecuador y Venezuela se posicionaron abiertamente en contra de la propuesta. Esta lógica evidencia la visión común entre gobiernos y corporaciones de financiarización de la naturaleza, que priorizan la ganancia por encima de la vida y la biodiversidad. Las diversas voces que denunciaron la contradicción de transformar a la región más biodiversa del planeta en una nueva frontera extractivista quedaron fuera de la declaración final.
Brasil y Colombia: esfuerzo multilateral en medio de la tensión regional
Uno de los puntos positivos fue la reafirmación de Brasil y Colombia en el intento de fortalecer a la OTCA como espacio de articulación multilateral. La creación del Mecanismo Amazónico de Pueblos Indígenas (MAPI) y la mención a la OTCA Social hecha por el presidente Lula, propuesta por la sociedad civil, fueron logros importantes. El problema es que la propia OTCA exige unanimidad para aprobar resoluciones, lo que la debilita en un contexto de creciente tensión regional, ausencia de jefes de Estado en Bogotá y avance de la extrema derecha y el fascismo en varios países amazónicos. El desgaste democrático es parte del mismo proyecto político que sostiene el extractivismo y reduce la capacidad de construir consensos a la altura de la crisis climática.
Amazonía libre de extractivismo depredador: la síntesis necesaria
Como en 2023, correspondió a la sociedad civil presentar las soluciones que los gobiernos no asumieron: construir territorios libres de combustibles fósiles, de minería depredadora y del latifundio monocultor. Son esos territorios, basados en modos de vida, conocimientos ancestrales y experiencias concretas de resistencia, los que pueden sostener un verdadero multilateralismo amazónico capaz de enfrentar los desafíos combinados de la crisis climática, la desigualdad social y el avance autoritario. La transición debe ser radical, sistémica y guiada por prácticas sostenibles, agroextractivistas y comunitarias, no solo gradual o simbólica.
El compromiso brasileño con la OTCA Social abre una brecha para que pueblos y comunidades amazónicas tengan un asiento permanente en la toma de decisiones. Pero el desafío es claro: sin reconocer y fortalecer a estos sujetos políticos, cualquier intento de salvar la Amazonía y el planeta seguirá siendo insuficiente. Lo que ocurre en la Amazonía es la síntesis de la crisis global del capitalismo: social, ambiental y democrática, y exige acciones a la altura de esa dimensión.





