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Actualizado: hace 6 horas
Por Luiz Arnaldo Campos, Laís Campos da Costa Nunes y João Pedro Galvão Ramalho
Quien caminó por las calles de Puyo, en la Amazonía ecuatoriana, durante los últimos días, aun sin saberlo, caminó junto a aquellos y aquellas que están en primera línea de la lucha por el futuro del planeta. Entre ellos, las mujeres kichwa de Sarayaku enseñaban el concepto de Bosque Viviente a más de 2.500 participantes de 31 países, mientras los guerreros Waorani, vestidos con sus trajes tradicionales, marchaban por el fin del petróleo en sus territorios, bajo el lema “Una sola Amazonía, un solo territorio”.
No por casualidad, este fue el tema elegido por la 12.ª edición del Foro Social Panamazónico para orientar la construcción colectiva de un camino que abrace y valore las diferentes realidades de la región, en favor de planes de acción inspirados en las luchas concretas que ya se libran en los territorios.
Marco histórico — El XII FOSPA tuvo como anfitrionas a las siete nacionalidades indígenas de la región de Pastaza. Es decir, no fue un evento centralizado en organizaciones o universidades, sino pueblos originarios acogiendo a otros pueblos y movimientos sociales de la Amazonía, con la presencia de delegaciones de los ocho países de la región, además de la Guayana Francesa.
Entre los días 18 y 21 de agosto, el Foro reunió a indígenas, quilombolas, pescadores, mujeres y jóvenes, desde organizaciones de la sociedad civil hasta la academia, para alinear estrategias a partir de cuatro Casas Temáticas.

En la Casa 1, sobre Territorios Libres de Explotación para una Amazonía con Derechos, se elaboraron más de 50 propuestas de acción, entre ellas la creación de Zonas de Exclusión en la Amazonía para prohibir actividades como la minería y los combustibles fósiles. Cabe destacar que el 20% de todos los nuevos pozos de petróleo descubiertos en el mundo se encuentran en la región, que tiene en la minería legal e ilegal uno de los principales factores de contaminación de los ríos, invasión de tierras indígenas y aumento del crimen organizado.
La búsqueda del reconocimiento y cumplimiento de los derechos mediante la justicia también constituye una acción destacada en este plan. La idea es presentar una acción ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos para el reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza del río Amazonas y sus afluentes, impidiendo la violación de la integridad y el funcionamiento de estos ecosistemas. Esta iniciativa también es fundamental para la protección de los pueblos de la región.
En la Casa 2, sobre Soberanía y Libre Determinación de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas, indígenas, afrodescendientes y campesinos colocaron la autonomía y el poder de decisión de los propios territorios en el centro de las propuestas. Entre las acciones se encuentran hacer vinculante el consentimiento libre, previo e informado, garantizando el derecho explícito a decir “no” a proyectos que afecten sus territorios; ampliar el financiamiento directo a las comunidades, sin intermediarios; fortalecer las guardias indígenas y quilombolas; y crear redes panamazónicas de protección, alerta y apoyo jurídico.
En la Casa 3, sobre Economías para la Vida y Justicia Climática, las propuestas surgieron en contraposición a las llamadas “falsas soluciones” que transforman la naturaleza en mercancía. El plan propone, por ejemplo, reconocer los Planes de Vida de los pueblos como instrumentos de acción climática, fortalecer las economías indígenas, campesinas y afrodescendientes basadas en la agroecología, los sistemas agroforestales, los mercados comunitarios y otras prácticas que ya sostienen la vida en la región.

En la Casa 4, sobre Resistencia de las Mujeres y Diversidades, las participantes definieron como prioridades el enfrentamiento a la violencia contra los cuerpos y los territorios, la participación política de las mujeres en igualdad de condiciones y la valorización del trabajo de cuidados. Entre las acciones acordadas está el fortalecimiento de una articulación panamazónica permanente de mujeres. El plan también contempla una campaña contra la violencia sexual hacia niñas, adolescentes y jóvenes, además de la creación de espacios comunitarios de salud mental y de intercambio intergeneracional para fortalecer prácticas ancestrales de cuidado, como la partería y la medicina tradicional.

Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza — El concepto jurídico de Derechos de la Naturaleza ya está incorporado en la legislación de varios países de la Panamazonía, principalmente en Ecuador. Pero en Brasil, su aplicación todavía es incipiente. Por ello, una de las novedades de este FOSPA también podría tener como consecuencia reavivar el debate en torno a este tema en el país: el juicio de las denuncias sobre la explotación petrolera en la Foz del Amazonas ante el Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza.
El caso fue presentado ante el Tribunal por líderes indígenas de Oiapoque, en Amapá, pescadores de la isla de Marajó, en Pará, y activistas ambientales. Los denunciantes argumentaron que incluso el proceso de licenciamiento de uno solo de los bloques, el 59, ya ha generado impactos, como el abrupto aumento del área urbana del municipio de Oiapoque, incrementando la presión sobre las Tierras Indígenas y las Unidades de Conservación.

Además, el derrame de 18.000 litros de petróleo ocurrido en enero de este año ilustra los riesgos ecosistémicos en una de las regiones con mayor biodiversidad de la Tierra.
“Nuestros ríos son sagrados, nuestros bosques son sagrados, nuestros lagos son sagrados, de donde obtenemos nuestro sustento y donde actualmente vivimos. Por eso hoy estamos aquí, enviados por nuestras organizaciones, por nuestro pueblo, para defender nuestro territorio hasta la muerte”, explicó Guisel dos Santos, del pueblo Galibi Marwono y vicecoordinador del Consejo de Caciques de los Pueblos Indígenas de Oiapoque (CCPIO).
Luchas conectadas — Este es solo un ejemplo de cómo las luchas, a primera vista aisladas, se conectan y se fortalecen en espacios como el FOSPA. Además de la denuncia, los Karipuna, Palikur, Galibi Marwono y Galibi Kali’na, de Oiapoque, también pudieron dialogar y aprender con los Kichwa de Sarayaku, quienes se convirtieron en una referencia mundial al expulsar a una empresa petrolera de su territorio en 2003.

Disputando la política en los territorios — Además de los Planes de Acción y del Tribunal, el XII FOSPA aprobó la Declaración Política de Puyuk —nombre originario de Puyo—, que en su punto 1 afirma:
“Actualmente, en la Panamazonía, en los países amazónicos y en toda América Latina está en marcha una ola agresiva de extrema derecha, autoritarismo y poderes económicos geopolíticos, impulsada por el imperialismo norteamericano, que está amenazando y avasallando a los países de la región con agresiones de todo tipo contra los pueblos y la naturaleza.”
La Declaración también manifestó su solidaridad con los pueblos que luchan contra la dominación colonial, como en la Guayana Francesa, exigiendo que la ONU reconozca la necesidad de descolonizar este territorio, así como denunció el genocidio de los palestinos por parte del sionismo de Israel.
Además de la declaración principal, la Plenaria Final dio su aval a una serie de documentos presentados por diversos pueblos, movimientos y organizaciones, entre ellos un llamado de Solidaridad con Brasil, presentado por el propio Comité Internacional del FOSPA, que, después de manifestarse contra la escalada de la derecha en la región, expresó su deseo de una victoria de las fuerzas progresistas de Brasil en las próximas elecciones presidenciales.
El penúltimo punto de la Declaración Política de Puyuk afirma además:
“Proclamamos la paz con soberanía, la paz con justicia y la paz con la naturaleza, como nuestra Madre Tierra”.
En tiempos de desesperanza, en los que la convergencia para enfrentar la crisis climática ha sido sustituida por más guerras y disputas por recursos estratégicos, y en los que las Naciones Unidas y las COP han sido inundadas por lobistas y relegadas por los Estados, el FOSPA, al crear un espacio de diálogo para quienes realmente conocen y ya practican el buen vivir con el planeta, logró construir planes con soluciones reales y de las que la humanidad efectivamente necesita hoy para continuar llamando a este planeta nuestro Hogar.
Una construcción efervescente — La elaboración de los planes del FOSPA no se dio únicamente dentro de salas cerradas. Con enorme afectividad y diversidad, el Foro contó con marchas, muestras culturales, proyecciones de películas y danzas, y finalizó con el festival de música Rizoma, con artistas de América Latina, en celebración de la vida y la naturaleza.
En 2028, el XIII FOSPA se realizará en Mocoa, en la región del Putumayo, Colombia.










